Ing. Gabriela Schroeder
Jefa de Políticas de Innovación, MIEM
Schroeder planteó que trae más preguntas que respuestas y que su principal preocupación es la fragilidad de las estructuras que se construyen. Recordó su paso por la anterior Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología. Esa secretaría funcionaba sin presupuesto propio y con personal en comisión o por contrato, y aun así logró resultados. Pero lo construido fue tan débil que se deshizo con el cambio de gobierno, «como en el cuento del lobo y los tres chanchitos». Hoy la nueva secretaría tiene personal y presupuesto, y el desafío es fortalecerla para que no vuelva a pasar lo mismo. Estas políticas requieren una mirada de largo plazo y una paciencia que, según dijo, a los uruguayos nos cuesta.
Afirmó que el conocimiento es soberanía y base del desarrollo, con impacto en tres planos:
• Económico. Permite crear empresas y, sobre todo, diversificar y fortalecer la matriz productiva. Uruguay tiene poco territorio y pocos habitantes, por lo que nunca competirá por volumen. Su camino es agregar valor y sofisticar materias primas de primer nivel.
• Servicios públicos. Las grandes empresas públicas pueden mejorar sus servicios mediante la innovación y, a la vez, generar demanda de otros servicios.
• Políticas públicas. El conocimiento «puro y duro» también es la base de buenas políticas. Contó que el MIEM coordina un grupo de trabajo con las empresas públicas y que prepara un taller con ARCE y ANII para aplicar el decreto de compras públicas innovadoras junto con los instrumentos de ANII. Advirtió sobre las contradicciones internas del Estado. Por ejemplo, los objetivos de gestión que se fijan a las empresas públicas a veces no favorecen la innovación.
Dedicó una parte central a los parques científicos y tecnológicos, entornos donde confluyen academia, sector productivo, Estado y capacidades tecnológicas. Destacó el Parque Científico Tecnológico de Pando como un ejemplo, aunque su presupuesto no se actualiza y pierde valor año a año. Señaló que en la Semana de la Innovación de UTEC participaron 2 parques uruguayos y 17 de Rio Grande do Sul. Propuso pensar una red nacional de parques complementarios: Pando, el PTI del Cerro, el Parque Tecnológico Regional Norte (en implementación) y quizás uno o dos más, con una hoja de ruta alineada con los ejes priorizados. También señaló que la ley actual trata a los parques científicos casi igual que a los parques industriales, y que eso debería revisarse.
Cerró con el ejemplo del Comité Nacional de Transferencia Tecnológica. Durante 8 meses y sin recursos, unas 20 instituciones trabajaron en 8 reuniones, 4 subcomités, 3 talleres interinstitucionales y 3 charlas internacionales. El resultado fue una hoja de ruta y un plan de trabajo que hoy la nueva secretaría retoma. Su mensaje fue de optimismo: «se puede», si se articula bien.
Mag. Silvana Ravía
Coordinadora General, Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento (SENCI) Ravía explicó por qué la secretaría habla de valorización del conocimiento y no solo de transferencia tecnológica. El conocimiento no solo se vuelca en productos o servicios. También debe orientar las políticas públicas, como ocurrió con el GACH durante la pandemia. Señaló que eso no siempre sucede, por ejemplo cuando se legisla sin considerar el conocimiento acumulado.
Recordó que los diagnósticos se repiten desde hace años. La consultoría más reciente (2025) vuelve a señalar los mismos problemas: falta de talento especializado, falta de profesionalización, ausencia de una estructura sistémica, oportunidades no aprovechadas y el «valle de la muerte» entre la fase experimental y la escala piloto o industrial.
Presentó un programa con cuatro líneas de acción, en conjunto con Uruguay Innova, ANII y UTEC:
1. Diploma de gestores en transferencia tecnológica (con UTEC). Es una especialización de un año para formar profesionales que conecten a quienes generan conocimiento con quienes lo demandan. Abarca propiedad intelectual, comercialización y vinculación. La primera generación comenzaría el año próximo.
2. Convocatoria de agentes para la transferencia del conocimiento (con ANII). Financiará durante dos años la contratación de gestores dentro de instituciones científicas y universidades, para crear o fortalecer sus oficinas de transferencia. La primera convocatoria abarcará 3 instituciones y la segunda, 6.
3. Unidad de Valorización del Conocimiento. Será un equipo pequeño de tres personas dentro de la secretaría. No hará la transferencia por sí mismo. Su tarea será acompañar a las oficinas institucionales con guías de buenas prácticas, actualización y vigilancia tecnológica. El objetivo es que el ecosistema desarrolle su propio «músculo» y no dependa de los vaivenes políticos.
4. Instrumento de desarrollo tecnológico (ANII). Financiará proyectos que ya superaron la fase experimental, para ayudarlos a avanzar en madurez tecnológica (TRL) y cruzar el valle de la muerte.
Reconoció que no alcanza. Siguen pendientes los incentivos del Sistema Nacional de Investigadores y normativas universitarias que hoy no facilitan transferir o emprender. Pero insistió en que, sin un primer paso, el país seguirá generando ciencia de calidad sin lograr que llegue a la sociedad.
Dra. Ivana Aguiar
Facultad de Química, Udelar · Cofundadora de Nanoprox
Aguiar aportó la experiencia de una investigadora que se volvió emprendedora. Su startup desarrolla nanopartículas para potenciar la radioterapia y está cumpliendo su primer año. Al principio pensaba que su investigación estaba a 10 o 15 años de ser algo vendible y que no le interesaba a nadie. Su conclusión es que para incentivar a los investigadores primero hay que explicarles cómo se hace.
Describió las dificultades concretas:
• Su facultad no tiene unidad de transferencia, por lo que todo se resuelve con acuerdos puntuales.
• Los docentes con dedicación total reciben un permiso de 3 años para emprender, un plazo insuficiente en biotecnología. El estatuto docente se está revisando.
• La patente pertenece a la Udelar y a la Universidad de San Pablo, lo que exige acuerdos entre ambas. La licencia exclusiva, con regalías para la universidad, todavía está en negociación. Aun así, dijo que vale la pena. Ante la escasez de fondos para ciencia básica, la empresa permite atraer inversión, incluso del exterior. También permite dar trabajo a personas muy formadas que de otro modo no encontrarían cargos en la academia y podrían emigrar. Y demuestra que esto se puede hacer en Uruguay.
Dr. Juan Andrés Abín
Director científico asociado de ATGen · Inversor ángel en biotecnología
Abín habló desde 30 años en la academia y su posterior paso a la empresa. Reconoció que la mayoría de las transferencias han sido lentas o frustradas, sin interlocutores ni profesionalización en las facultades. Aun así, dijo que hoy estamos mucho mejor que antes: cuando nació ATGen las startups biotecnológicas se contaban con los dedos de una mano, y hoy hay alrededor de 60.
Desde 2023 ATGen apoya el ecosistema e incuba unas 8 startups, a las que ofrece infraestructura de I+D y una planta habilitada para escalar la producción. Estima que este año esas startups recaudarán unos 10 millones de dólares. Entre el 60 % y el 70 % se destina a recursos humanos, incluidos uruguayos que vuelven del exterior. Advirtió que la falta de reglas claras en transferencia y propiedad intelectual ahuyenta a los inversores profesionales.
Ante la pregunta de si el conocimiento puede terminar en el exterior, respondió que cada modelo de negocio es distinto. Aunque no se produzca localmente, la inversión que llega genera empleo y, si hay una venta exitosa, alimenta un círculo virtuoso de nuevos emprendimientos. Según su experiencia, la mayor barrera suele ser comercial, no de escalamiento.
Dr. Jorge Achard
Área jurídica, Institut Pasteur de Montevideo
Achard partió de la tesis de Acemoglu y Robinson en Por qué fracasan los países: las sociedades prosperan cuando tienen incentivos institucionales a la innovación. Para que haya innovación identificó tres condiciones: institucionalidad adecuada, pública y privada; capital; y seguridad jurídica.
En biotecnología los riesgos y los capitales son enormes. Llevar un medicamento a la farmacia cuesta decenas o cientos de millones de dólares, y la probabilidad de que un hallazgo académico llegue a ese punto es muy inferior al 1 %. Por eso el modelo habitual es el de fondos que reparten el riesgo entre muchos proyectos. Las startups no se crean para vender servicios, sino para valorizarse y ser vendidas. Mencionó el fondo de inversión impulsado por el Institut Pasteur. En ese fondo se evalúa no solo cuánto dinero trae un inversor, sino también qué conocimiento, experiencia y contactos comerciales aporta.
Distinguió las etapas del financiamiento. La investigación por curiosidad es necesariamente pública. Los instrumentos de ANII dan un «empujoncito» de cientos de miles de dólares. Las etapas de millones, en Uruguay, solo pueden cubrirse con capital privado, idealmente del exterior.
Señaló como principal problema jurídico la copropiedad de los resultados de investigación. La copropiedad es inevitable, porque la ciencia se hace en colaboración entre instituciones de distintos países. Pero en Uruguay no está regulada: la única regla general, rematar el bien si los copropietarios no se ponen de acuerdo, es inaplicable a estos casos. Contó negociaciones de hasta 3 años, en las que la inversión pierde interés o un competidor se adelanta. Propuso que las instituciones acuerden criterios comunes y que se complete el vacío legal.
Dr. José Sotelo
IIBCE y PEDECIBA
Sotelo puso el foco en la base del sistema: los equipos de investigación estables en todas las etapas de madurez tecnológica, del TRL 1 al 9. A su juicio, en Uruguay el valle de la muerte no está solo en las etapas finales sino en todos los niveles, porque faltan equipos grandes que mantengan el músculo. El país tiene unas cinco veces menos investigadores por habitante que la región. Recordó que cuando llegó el Institut Pasteur y se fortaleció la ciencia se notó el efecto de aumentar la masa crítica.
Contó que él mismo armó la primera «cajita» de ATGen siendo estudiante, como ejemplo de las conexiones que se tejen con el tiempo. Destacó el papel de la ANII en cambiar la cultura hacia la transferencia. También pidió no sobrevender el modelo startup, porque las tasas de éxito son bajas en todo el mundo. Insistió en que no hay desperdicio: la inversión en investigación genera capacidades que alimentan las etapas siguientes. Reclamó más espacios de encuentro entre científicos, militantes y responsables políticos, ya que «un investigador no tiene que ser empresario, y un político no tiene que ser científico».
Mario Pérez
Delegado del PIT-CNT en el CONICYT
Pérez agradeció que se convocara a los trabajadores y propuso ampliar la discusión más allá de las startups, sin oponerse a ellas. Se mostró esperanzado porque hoy se discuten a la vez una estrategia nacional de desarrollo, un plan estratégico de ciencia y tecnología, una nueva institucionalidad y un plan industrial. Advirtió que hay que unir todo eso, para que la discusión no quede encerrada en becas y fondos y se oriente a problemas como la pobreza infantil y adolescente.
Contó que el CONICYT propondrá crear núcleos de ciencia y tecnología dentro de las empresas públicas para detectar sus necesidades y trasladarlas a los investigadores. Retomó el informe de CEPAL 2025 sobre las trampas que frenan el desarrollo:
• La baja inversión en ciencia, tecnología e innovación (alrededor del 0,6 % del PIB).
• El débil vínculo entre academia y empresa.
• La escasa innovación generada dentro de las propias empresas.
Pidió acostumbrarse a trabajar con austeridad sin dejar de reclamar, y priorizar sectores. Señaló que micro y pequeñas empresas, cooperativas y unipersonales también innovan, pero no tienen tiempo para acceder a instrumentos como las compras públicas. Para eso propuso articular apoyos en espacios como el PTI del Cerro.