El evento buscó explorar el vínculo fundamental entre las políticas públicas y las Organizaciones Basadas en la Fe (OBF). Partiendo de la premisa de que la laicidad no debe significar ignorar la diversidad religiosa, se analizó cómo estas organizaciones gestionan iniciativas sociales en sectores vulnerables como la niñez, la discapacidad y las adicciones. El encuentro subrayó la necesidad de reconocer a la espiritualidad como una dimensión clave para el bienestar social y el diseño estatal.
Resumen de las Intervenciones
Clara Villalba y Darío Barolín (Grupo Siembra)
Clara Villalba enfatizó la necesidad de repensar la laicidad uruguaya frente a la pluralidad religiosa, denunciando que la falta de espacios formales de diálogo genera desigualdad y vulnera a los grupos menos representados. Propuso la institucionalización de estrategias de diálogo que trasciendan a los gobiernos de turno. Por su parte, Darío Barolín presentó tres ejes estratégicos para 2026: Políticas Públicas, Educación y Diálogo Plural. Utilizó la analogía de los "dedos de la mano" para explicar cómo las comunidades de fe llegan a rincones capilares donde el Estado no alcanza, advirtiendo sobre el riesgo de que la burocracia estatal termine por quitarle la "mística" a estas obras sociales.
Dr. Gabriel Rossi (Secretaría Nacional de Drogas)
Rossi aportó una visión técnica, señalando que la fe puede ser un recurso terapéutico vital para la recuperación y la esperanza. Explicó desde la neurociencia cómo la práctica religiosa activa redes cerebrales vinculadas al significado y la atención, diferenciándola del circuito de recompensa de las drogas. Propuso el uso de la pauta "FICA" en entrevistas clínicas para que los profesionales respeten y validen la espiritualidad del paciente como una variable clínica fundamental.
Mauricio Fuentes (Vicepresidente de INAU)
Fuentes planteó que el Estado suele limitar la riqueza metodológica de la sociedad civil al intentar aplicar una igualdad universalista. Destacó la importancia de la "malla de protección social" invisible que sostienen las comunidades de fe en los barrios y urgió al Estado a validar lenguajes como la "vocación" o la "pedagogía de la presencia" para acompañar proyectos de vida de adolescentes.
Daniel Gerhard (Director Nacional de Protección Social, MIDES)
Gerhard defendió los convenios con OBF porque priorizan la relación humana sobre la burocracia. Introdujo el concepto de "actitud samaritana", que trata a la persona como una vida única y no como un cupo numérico. Sostuvo que el encuentro debe ser bidireccional, permitiendo que el técnico se deje transformar por la realidad de dolor que enfrenta.
Ana Juanche (Directora del Instituto Nacional de Rehabilitación)
Juanche afirmó que las comunidades de fe son la presencia más potente de la sociedad civil en las cárceles. Destacó su rol en la mediación de identidades, la resolución no violenta de conflictos y el apoyo en la reinserción social el "día después" de la liberación. Criticó la postura estatal de "dejar hacer" sin implicarse creativamente para potenciar estas propuestas.
Trabajo en Subgrupos
Los participantes trabajaron en cuatro subgrupos para analizar el rol y las tensiones de estas organizaciones:
Rol y Aportes: Se definió a las comunidades como motores de esperanza y espacios de acogimiento donde el Estado es insuficiente. Su valor radica en un compromiso no burocrático y en una espiritualidad que otorga sentido a la vida a través de ritos y vínculos humanos.
Tensiones y Desafíos: Se identificó un "laicismo extremo" en Uruguay que discrimina lo religioso. También se mencionaron riesgos internos como el fanatismo o visiones mesiánicas, y la desconfianza mutua que genera un "encorsetamiento" administrativo por parte del Estado.
El encuentro concluyó que es imperativa una relación bidireccional y de respeto mutuo. El Estado debe garantizar los derechos y la profesionalización sin anular la dimensión espiritual, mientras que las comunidades de fe deben aportar su capacidad de generar esperanza y capilaridad social sin caer en prácticas excluyentes o sectarias. La espiritualidad, por tanto, se consolida como un pilar indispensable para una verdadera emancipación social.